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15 de marzo de 2009

Podrán cortar todas las flores...

Mangas remangadas, sol en la cara, brisa placenteramente cálida. Olor a mar en un barrio periférico. Flores que empiezan a colorear las copas de los árboles y la ropa de los transeuntes.

Gente allá donde mires, en todas las calles, paseando en ninguna dirección concreta. Disfrutan, alegres, pero aún desconfiados (llevan chaquetas a cuestas), de los primeros días de un calor apacible que parecía no llegar jamás.


Cuatro de la tarde, ventanas abiertas de par en par y, de fondo, el sonido tan característico de cualquier bloque de pisos. La película de Antena 3 reflejada en el balcón del primero; cacharros de cocina a medio lavar en el segundo. Se altera la sangre en el tercero. Aprovechan la llegada de la primavera para reforzar el refranero popular a ritmo de bachata.

No oigo nada en el cuarto. La comida familiar en casa de los suegros de turno ha dejado un extraño- y frío- vacío en el acogedor piso de 55m2.


Canto, sin complejos, en mitad de la carretera. No hace falta gritar. Todo son dulces susurros un sábado a estas horas en las calles de Barcelona, o al menos de ésta Barcelona.

Me echo a reír, sin remedio, al recordar. Agacho la cabeza, sigo recto, recto y después giro a la derecha. Subo la cuesta y... sí, definitivamente ha llegado la primavera.








... pero no podrán detener la primavera*

9 de marzo de 2009

Barcelona: fuente de inspiración

Este Blog nace hoy con una intención clara: moverse siempre como su dueña, entre contrastes.

Por un lado, caminaremos entre la admiración y la crítica. ¿Admirar qué? ¿Criticar qué? La Ciudad Condal, donde nací y crecí. Donde vivo, donde sueño, donde creo. Así, la descripción del blog cambiará con cada actualización en función de estos dos procesos aparentemente contradictorios.
Nadie que respire por cada poro de su piel Barcelona puede negar que siente tanto amor como odio, tanto gozo como rabia por esta ciudad de contrastes.

Por otro lado, intentaré crear siempre un cierto equilibrio (sospecho que imperfecto) entre fotografía y texto. No lo negaré, lo mío (si es que hay algo "mío") son las letras. Pero pretendo que la imagen, a veces, valga más que mil palabras. Y para conseguirlo, voy a necesitar ayuda de quien se preste a ello.

Creo que me hubiese resultado muy sencillo hacer un panfleto propagandístico sobre las mil maravillas de Barcelona, que seguro que las tiene. Pero ni tengo relaciones estratégicas con el Ayuntamiento ni (mucho más importante) creo que sea sano idolatrar nada ni a nadie de esa manera.